La majestuosidad del verde de la selva se refleja en el río Tutunendo

A tan solo 16 kilómetros de Quibdó, capital del departamento del Chocó, en el Pacífico colombiano, luego de 45 minutos de viaje por la vía que conduce a Medellín, se encuentra Tutunendo, un lugar considerado como el centro turístico del municipio de Quibdó y uno de los lugares más biodiversos del departamento, que hace parte del llamado Chocó biogeográfico, un área prioritaria de conservación para muchas organizaciones internacionales debido a su biodiversidad y riquezas naturales.

Este corregimiento chocoano ofrece a sus visitantes una experiencia en la que el silencio y la tranquilidad de la naturaleza se mezclan con el mágico recorrido de vida, amabilidad y biodiversidad que pocos turistas han tenido el privilegio de disfrutar. La majestuosidad del verde de la selva se comienza a visualizar desde el puente que cruza el rio Tutunendo, donde se puede observar una pintoresca escena que bien puede definir lo que es el Chocó: niños jugando alegremente en las calmadas aguas, hombres transportando el fruto de su trabajo en canoas elaboradas por ellos mismos, gigantescos árboles descolgando sus ramas sobre la corriente del río, y mujeres que superan, sin sorprenderse demasiado, el siglo de vida... todo esto bajo el relajante manto sonoro del canto de cientos de especies de aves que continuamente pasan de un lado al otro del río.

El río Tutunendo, que en lengua Emberá significa “río de aromas y de rosas”, es el centro y atractivo principal de este lugar, un espejo verde-azul donde se reflejan el sol y el cielo. Al recorrerlo es necesario ir preparado para sentir el agua fresca y montar en canoa, así que para quienes desean conocer la naturaleza chocoana sin alejarse de lo urbano, Tutunendo ofrece hermosos lugares como Sal de Frutas, conocida así por la efervescencia que producen sus aguas al caer sobre las rocas que circundan el lugar, formando una serie de pozos cavados en la piedra y usados por los turistas como piscinas naturales de aguas frías y relajantes.

Así mismo los visitantes podrán observar la Piedra del Diablo, una gran roca que sobresale algunos metros por encima de las aguas y posa desde épocas prehistóricas en la mitad del lecho del río Tutunendo, es motivo de una leyenda que dice que en la noche del Viernes Santo, cuando el reloj marca las 12 en punto, ésta se abre por la mitad y de su interior aparecen una gallina dorada y sus siete pollitos de oro. Los visitantes suben hasta ella para descansar y presenciar el panorama que incluye el río cristalino, sus peces y el colorido natural que engalana esta zona.

Otros sitios atractivos del lugar son Playa Pepa, desde donde se observa una panorámica preciosa; Paloquemao, una cascada a cuatro minutos aproximados selva adentro, un lugar maravilloso, un poco oscuro y apartado de los rayos del sol, donde se vive un mundo de aventura mágica, rodeada de la fauna y flora de la región a un límite extremo; Chaparraidó, caracterizado por poseer una cascada de siete metros de altura que al caer forma una piscina natural, donde se pueden observar peces, aves y la flora tradicional de la región.

Así, despacio, sin afanes, contemplando las mil y una diferentes especies animales y vegetales que han dado a esta región el adjetivo de “la más biodiversa del mundo”, usted podrá experimentar la belleza de lo realmente natural.

Articulo extraido de la Revista ADA Edición 12

 

 

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